
Acabo de terminarlo y no podía esperar para publicar una entrada sobre él (más que nada para que no se me olvide el argumento). La octava (o novena, según se mire) entrega de la saga Tomb Raider es un juego sin duda muy entretenido y completo que nos sumerge nuevamente en una historia con la arqueóloga británica Lara Corft como protagonista.
Continuando con el argumento de las entregas anteriores sobre el mismo tema (Tomb Raider (o Tomb Raider: Anniversary) y Tomb Raider: Legend), Lara intenta descubrir la verdad sobre la muerte de su madre, íntimamente relacionada con Avalon. Su búsqueda la llevará a embarcarse en un viaje con la mitología nórdica siempre presente en el que tratará de recuperar las más preciadas y poderosas posesiones del dios Thor para así encontrar el mundo perdido de Avalon y desvelar los secretos de su pasado.
Durante sus aventuras nos encontraremos con viejos conocidos, aunque no todos velarán por nuestra seguridad. Entre ellos se encuentran Amanda, que también busca Avalon (más que nada para fastidiar, por lo visto), y Natla, la diosa atlante, que se une al grupo de buscadores de Avalon, aunque con un fin muy diferente.
Sin duda merece la pena probarlo, aunque a veces puede llegar a ser un tanto desesperante. La historia me ha parecido bastante buena… lo suficiente para que merezca la pena enfrentarse a esas arañas gigantes tan desagradables.
